El sector servicios continúa consolidándose como el principal motor de la economía española, representando entre el 70 % y el 75 % del Producto Interior Bruto (PIB) y concentrando cerca del 80 % del empleo empresarial. Sin embargo, el contexto actual, marcado por tensiones geopolíticas y una creciente incertidumbre internacional, está empezando a reflejarse en una moderación del crecimiento prevista para los próximos años.
Según los últimos datos estructurales, el sector ha experimentado un crecimiento sólido en facturación, valor añadido y empleo, con un incremento cercano al 4 % en la ocupación. Las actividades más dinámicas han sido las relacionadas con los servicios tecnológicos, la consultoría, el sector inmobiliario y el turismo, que han liderado la recuperación tras la pandemia.
No obstante, a partir de 2026 se detecta una desaceleración progresiva. Entre los principales factores destacan el aumento de los costes salariales, la presión inflacionaria y una menor confianza empresarial en el entorno europeo. A ello se suma la incertidumbre derivada de la situación geopolítica, que afecta tanto a la inversión como al consumo.
Por subsectores, el impacto es desigual. El turismo y la hostelería, altamente sensibles a la percepción de riesgo internacional, podrían experimentar una ralentización en la llegada de visitantes extracomunitarios, aunque España podría beneficiarse si otros destinos se perciben como menos seguros. En transporte y logística, el encarecimiento del combustible y el aumento de las primas de seguros elevan los costes operativos, mientras que el sector inmobiliario muestra mayor prudencia en compraventas y un creciente interés por el alquiler.
En contraste, los servicios tecnológicos y profesionales presentan una mayor resiliencia, con oportunidades de crecimiento en áreas como la ciberseguridad, la consultoría estratégica y la gestión de riesgos. Por su parte, el sector financiero se enfrenta a un entorno de mayor volatilidad y riesgo crediticio.
Desde el punto de vista empresarial, el tejido del sector sigue caracterizándose por una alta presencia de microempresas y pymes, especialmente en comercio y hostelería, lo que contribuye a su atomización. Aunque en 2024 se registró una mejora de los márgenes, estos comienzan a comprimirse en el periodo 2025-2026 debido al incremento de costes energéticos, laborales y financieros.
Entre los principales riesgos a corto y medio plazo destacan la desaceleración económica en Europa, la presión inflacionaria estructural, la dependencia del consumo interno y la sensibilidad del turismo a factores geopolíticos.
En este contexto, el sector servicios español se enfrenta al reto de mantener su crecimiento en un entorno más exigente, donde la adaptación, la digitalización y la gestión eficiente de costes serán claves para sostener la competitividad en los próximos años.

